Martes, 16 Octubre 2018

Patrimonio Inmaterial UNESCO

El Mariachi, música de cuerdas, canto y trompeta

En el año 2011 el Mariachi ingresó a la lista de “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad” de la UNESCO, entre otras cosas, por ser un elemento “fundamental de la cultura del pueblo mexicano”. Actualmente el Mariachi es un conjunto musical integrado por un número variable de músicos ya sea hombres o mujeres que incluyen voces humanas, trompetas, violines, guitarrones, vihuelas, guitarras y ocasionalmente el arpa. Sin embargo los inicios del Mariachi son muy modestos y según algunos autores se pueden remontar a los últimos años del virreinato.

El Mariachi nació en los pueblos de Cocula, Tecalitlán, Sayula, Tecolotlán, Zacoalco, Ameca, Atemajac de las Tablas ubicados en el sur y costa del estado de Jalisco México y otros poblados de los estados de Nayarit, Michoacán y Colima. Su origen se puede hallar en la década de 1750 cuando ya se hablaba de la existencia de grupos musicales que entonaban canciones anticlericales y satíricas que escandalizaban a la “alta sociedad”. Sin embargo fue hasta la culminación de la independencia en la segunda década del siglo XIX cuando proliferaron grupos populares que se dedicaban a cantar después de las faenas del campo, así como en serenatas, peleas de gallos y bodas, igualmente, los primeros Mariachis amenizaban en casas de citas por lo que tomaron mala fama.

Los primeros Mariachis estuvieron integrados por 5 músicos que tocaban los siguientes instrumentos: el guitarrón (instrumento originario de México), dos violines, guitarra y vihuela. En otras zonas se agregaron otros instrumentos como el arpa o arpón, flauta, clarinete y tambor.

Las primeras canciones entonadas por el Mariachi hablaban principalmente de escenas de la vida cotidiana, entre ellas podemos citar: “Las Campanitas”, “La Sandía”, “La Vaquilla”, “La Iguana”, “El Columpio” y “La Palmerita” que datan de la década de 1850.

Fue en 1858 cuando se registró el primer grupo de cancioneros en Atemajac de las Tablas, Jalisco, el cual estuvo dirigido por José Piturria. Se vestían muy sencillamente: con calzón de manta, guaraches y sombrero amplio. Otros de los Mariachis con registros más antiguos son: el de Cocula (1873) y el Vargas de Tecalitlán. Muchas de las canciones entonadas en esa época por el Mariachi son anónimas o “del dominio popular”, ya que sus autores no las registraban como propias. Entre ellas podemos citar: “El Jabalí”, “El Gato”, “El Toro”, “El Calero” y “El Carretero”.

En sus primeros tiempos, los Mariachis fueron relacionados con desórdenes, borracheras y sucesos sangrientos, por lo que en 1901 fueron prohibidos en Michoacán. A pesar de ello, el 15 de septiembre de 1905 se presentó por primera vez un Mariachi en la capital del país en los festejos por el santo del Presidente Porfirio Díaz. Se trataba del grupo de Justo Villa, originario de Cocula, cuyos integrantes agregaron a su indumentaria para esa ocasión especial una faja roja y un sarape negro veteado al hombro, asimismo, seguramente cambiaron su “calzón de manta” por un pantalón debido a que durante el Porfiriato existió un reglamento que prohibía el uso de “calzón de manta” en las ciudades y exigía portar pantalones para no atentar contra la moral. El grupo musical había sido invitado primero a Guadalajara y luego a la capital por la familia Palomar, encumbrada familia jalisciense y propietaria del Rancho La Sauceda en Cocula, Jalisco. El Mariachi alcanzó gran éxito en esta ocasión y un año después cuando Justo Villa decidió volver a la capital por su cuenta.

En 1907 se presentó en la capital el grupo de Cesáreo Medina, también originario de Cocula. En esta ocasión el Mariachi amenizó no sólo la fiesta de Don Porfirio, sino las fiestas patrias. Este grupo modificó su indumentaria presentándose como “chinacos” (vestuario de los hombres que luchaban al lado de los liberales durante la época de Maximiliano). Sin embargo, fue el Mariachi Vargas de Tecalitlán el primero que en la década de los 30 del siglo XX se presentó uniformado de una forma muy similar a como hoy lo conocemos. La idea de uniformar así al Mariachi, le había surgido a Silvestre Vargas, propietario del mencionado Mariachi, después de un viaje por Estados Unidos, cuando pensó en vestir a su grupo como las orquestas americanas pero “a la mexicana”. El Mariachi Vargas amenizó el banquete de toma de posesión del Presidente Lázaro Cárdenas el 1º de diciembre de 1934 y adquirió fama internacional, entre otras cosas porque acompañaron a Jorge Negrete en su gira por España en el año de 1948. Para esa época, el Mariachi Vargas ya había evolucionado, constaba de 11 integrantes conformados por 6 violines, arpa, guitarra, guitarrón, vihuela y trompeta.

Otro personaje importante en el mundo del Mariachi fue Concepción Andrade, propietario del Mariachi de Cocula quien llegó a la capital en 1920 para amenizar la toma de posesión del presidente Álvaro Obregón. “Concho” Andrade decidió quedarse a probar fortuna en la capital, donde formó un nuevo grupo musical, pues sus compañeros anteriores decidieron volver a Cocula. Concho y su grupo empezaron a tocar en las afueras de la cantina “El Tenampa” propiedad de uno de sus paisanos quien no les permitía tocar al interior del negocio, sin embargo, con el tiempo, le autorizó a Concho amenizar al interior del negocio y éste empezó a tener un grupo musical afuera y otro adentro del bar, este fue el origen de la Plaza Garibaldi o Plaza de los Mariachis, lugar que cobraría fama como punto de reunión de los Mariachis a nivel nacional e internacional. En tanto que el equivalente de esta Plaza en Jalisco sería “El Parián” en Tlaquepaque y la Plaza de los Mariachis en Guadalajara donde se llegaron a presentar Mariachis que hoy tienen fama internacional como el ya mencionado Vargas de Tecalitlán que perviven hasta la actualidad porque han pasado de generación en generación.

ORIGEN DE LA PALABRA

Existen muchas versiones acerca del origen y significado de la palabra “Mariachi”. La más común es que proviene del vocablo francés “mariage” que quiere decir matrimonio y que introdujeron los soldados franceses durante la invasión a México (1862-1867) quienes observaban que estos grupos musicales amenizaban las bodas del pueblo. Dicha interpretación ha sido refutada por los antropólogos quienes sostienen que la palabra “Mariachi” es de origen autóctono, prueba de ello es la existencia de un rancho denominado “Mariachi” en Santiago Ixcuintla Nayarit, entonces perteneciente a Jalisco, al menos desde 1832, o sea, antes de la intervención francesa.

Otras versiones son que “Mariachi” proviene de la palabra “mare” o “mari” de origen cahita (lengua antiguamente hablada en Jalisco, Nayarit y Sinaloa) que quiere decir “madero” por lo que Mariachi se podría traducir como “en el madero” o “en el tablado” que era donde se presentaban estos grupos musicales. Finalmente, otra explicación es que “Mariachi” o “Mariache” quería decir “amanecerse en una parranda, o fandango con música rústica”.

La palabra “Mariache” apareció oficialmente en 1895 en el Diccionario de Mejicanismos de Ramos I Duarte donde se define de la siguiente manera: “fandango, baile de gente del pueblo”.

La ceremonia ritual de los Voladores

La ceremonia ritual llamada “de los voladores” es una danza ritual que se asocia con la fertilidad y es ejecutada por diversos grupos étnicos de México y Centroamérica, especialmente por los totonacos del Estado de Veracruz, que se localiza hacia el este de México. El objetivo de esta danza es expresar un profundo respeto hacia la naturaleza y al universo, y también a la armonía de los hombres con ambos. Durante la ceremonia, cuatro jóvenes ascienden por un gran mástil que mide de 18 a 40 metros de alto, fabricado con el tronco de un árbol recién cortado en el bosque, tras haber solicitado misericordia al dios de la montaña. La parte superior del mástil se remata con una plataforma en donde previamente se ataron con firmeza las 4 largas cuerdas que van a sostener a los cuatro jóvenes. Desde allí, un quinto hombre, llamado “caporal”, tocará durante el transcurso de toda la ceremonia una flauta y un pequeño tambor melodías para honrar al sol y a los cuatro vientos y puntos cardinales. Después de realizar una invocación ritual, los danzantes se lanzan al vacío desde la plataforma, y giran lentamente, imitando el vuelo de los pájaros mientras la cuerda se desenrolla, y estos descienden poco a poco hasta llegar al suelo. Las diversas variantes de la danza ritual de los voladores representan volver a revivir los mitos prehispánicos en torno a la creación del universo, por lo que esta ceremonia refleja la visión del mundo y valores de cada comunidad, favorece la comunicación con los dioses y es una invocación para la prosperidad. Tanto para quienes participan directamente en esta danza, como para sus espectadores, esta impresionante ceremonia es un motivo para sentirse orgullosos de su gran herencia e identidad cultural.

La Cocina tradicional mexicana

En el 2010 la UNESCO incluyó dentro de la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a la cocina tradicional mexicana, y como ejemplo particular a la cocina del estado de Michoacán. La cocina mexicana es un complejo modelo cultural en el cual se incluyen un sinnúmero de interesantes actividades, costumbres, prácticas y procesos que abarcan desde técnicas agrícolas, pasando por los procesos de preparación de los alimentos en sí, hasta llegar a la presentación y degustación de cada platillo.
Cada aspecto de la cocina mexicana tiene características que se remontan a los antiguos pueblos mesoamericanos. Estas características no han variado mucho en la actualidad, además de ser, cada una, actividades en las que participa todo la población. Desde los singulares métodos de cultivo para sus ingredientes básicos (maíz, frijol y chile), como son las milpas (cultivo por rotación de diversos productos), o las chinampas (islotes artificiales para cultivo en zonas lacustres) ; pasando por los procesos de preparación de cada producto como por ejemplo la nixtamalización del maíz (cocimiento de los granos de maíz en agua con cal) , y el uso de diversos artículos para cocinar, que son únicos como el metate y el molcajete (piezas de piedra para moler semillas, hierbas e ingredientes para sazonar , así como para preparar harinas, salsas, mole, y muchos otros productos que son base de la cocina mexicana); y finalmente la preparación, presentación y degustación de cada platillo que son cada uno, momentos muy especiales e inclusive rituales dentro de la vida cotidiana de los pueblos mexicanos. Pero además, si se trata de una de las muchas festividades que se celebran en el país, los platillos toman un carácter de aún mayor importancia y muchas especialidades se preparan para ciertas fechas o son parte importante de los festejos (por ejemplo, día de muertos, las fiestas dedicadas a cada santo, navidad, etc.)
En el caso concreto de Michoacán, podemos encontrar infinidad de ejemplos de cómo se han logrado mantener vivas las tradiciones culturales – incluyendo en este caso, todos los aspectos culinarios -. En medio de abundantes escenarios naturales y de hermosas tradiciones, diversas agrupaciones de cocineras, productores y personas dedicadas a los muchos aspectos de la cocina michoacana trabajan actualmente en la preservación de estas características culturales. Su protección implica el rescate y conservación de productos, procesos y técnicas, además de cuidar que todos estos se lleven a cabo dentro de un circuito de desarrollo sostenible Estas agrupaciones funcionan en diversas comunidades del estado de Michoacán como son Oponguio, Calzontzin, Nuevo San Juan Parangaricutiro, San Francisco Úrico, Tarecuato, Janitzio, Chilchota, la Meseta Purépecha y la Cañada de los Once Pueblos, entre otras. Además, y como parte de su propuesta está el proyecto de llevar este rescate cultural en torno a la cocina tradicional mexicana a comunidades de otros estados de la República.

La Pirekua, canto tradicional de los Purepechas

La Pirekua fue inscrita como parte de la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO a partir del año 2010. Este canto tradicional de la comunidad indígena Purépecha es una forma musical desarrollada en la parte centro-occidental de la República Mexicana, específicamente en el estado de Michoacán y sus orígenes datan del siglo XVI.
La palabra Pirekua proviene de las raíces purépechas: pireni (cantar) y kua, partícula que indica canto o canción. Otros términos en uso que se derivan de la palabra pireni son pireri que es como se conoce al cantante o intérprete de canciones y su plural pirériecha (cantantes o intérpretes). El término pirekua es actualmente de uso común, tanto en la lengua purépecha, como en el español.
Este canto que es interpretado tanto por hombres como por mujeres, muestra desde sus orígenes una mezcla de diferentes influencias culturales, como africanas, europeas e indígenas y los estudiosos se han percatado además de varias diferencias regionales dentro de las 165 comunidades purépechas existentes.
La pirekua generalmente se canta con un ritmo lento aunque también se pueden presentar dentro de esta, ritmos como los sones y los abajeños, que son más rápidos. Aunque es una interpretación vocal pueden también encontrarse interpretaciones instrumentales. El número de cantantes e intérpretes también puede ser variado, desde una persona, duetos o tríos hasta abarcar grandes coros y orquestas.
Los pirériechas o cantantes, rescatan en sus interpretaciones, tanto las canciones antiguas que han pasado por tradición oral de padres a hijos, y también son creadores de nuevas melodías. La pirekua ha sido utilizada desde sus orígenes para tratar diversos temas. En sus letras se relatan acontecimientos históricos, sociales, políticos y comunitarios, así como situaciones cotidianas. También ha servido para expresar sentimientos, como el amor y ha estado presente para narrar todos los aspectos de la vida de estas comunidades indígenas.
Quienes la interpretan y la continúan divulgando, la consideran una expresión cultural, así como un medio de unión y participación para la comunidad y una forma de conservar la identidad de sus pueblos. Además, actualmente se llevan a cabo competencias y festivales culturales dentro de las comunidades purépechas con la intención de mantener viva esta tradición musical y sus intérpretes viajan por todo el territorio nacional y en el extranjero para darla a conocer.

Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos

Las fiestas dedicadas a los Muertos, de una profunda tradición indígena, celebran el temporal regreso de los familiares y seres queridos fallecidos al lugar de los vivos. Cada año, a fines de octubre y principios de noviembre se celebra este rito en todo el país. Cabe también mencionar que este período coincide también con el final del ciclo anual del maíz, que es el cultivo más importante de México.
En el rito tradicional, para guiar el camino de las almas que regresan a la tierra, los familiares colocan pétalos de flores, velas y ofrendas por el camino desde su casa hasta el cementerio. También se preparan los platillos, bebidas, frutas, pan, postres y dulces preferidos del fallecido para colocarlos en el altar familiar y en la tumba, junto con fotografías, objetos artesanales, veladoras y coloridas hojas de papel “picado”. Todo se prepara con mucho esmero, ya que la creencia popular dice que un difunto puede traer, ya sea la prosperidad o la desdicha, de gustarle o no la forma en que su familia cumplió con los ritos tradicionales.
Otra de las muchas costumbres relacionadas con los muertos en México, consiste en que estos se clasifican en diversos grupos, conforme a su edad, sexo, causa del fallecimiento, etc. y existe un día específico para venerar a cada categoría.
Estas fiestas constituyen una fusión entre los ritos religiosos prehispánicos y las fiestas de la religión católica, por lo cual se convirtieron en una celebración única en el mundo, que a la fecha se conserva para reafirmar y conservar las tradiciones de las comunidades indígenas mexicanas y la identidad de nuestro país.

Los Parachicos de Chiapa de Corzo

La UNESCO incluyó en el año 2010 dentro de su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad las danzas tradicionales llamadas Parachicos que se realizan en la ciudad de Chiapa de Corzo, en el estado de Chiapas, durante la llamada Fiesta Grande que realiza esta comunidad en el mes de enero. En esta fiesta dedicada a Nuestro Señor de Esquipulas, a San Antonio Abad y San Sebastián participa toda la comunidad con eventos musicales, danza, artesanía, gastronomía y en ceremonias religiosas. La parte más representativa de estos festejos son las danzas llamadas de los Parachicos. Este término sirve para nombrar tanto a las danzas, como a los bailarines que las llevan a cabo.
La danza de los Parachicos tiene su origen en una leyenda de la región en la que se cuenta que el hijo de una mujer muy rica llamada María Angulo sanó de una extraña enfermedad gracias a las aguas milagrosas que había en la comunidad. Poco después el pueblo vivió una etapa de hambruna y enfermedad y fue ayudado por la agradecida y generosa señora. Por lo que cada año desde entonces se celebran las fiestas para recordar estos hechos, y en los que su parte central son las danzas “para los chicos”, dedicadas especialmente a los niños del pueblo.
Esta danza es también una procesión religiosa e incluso un desfile alegórico en el cual los danzantes llevan las imágenes de los santos y van recorriendo las calles del pueblo durante todo el día. La procesión se divide en diversos grupos y para cada momento del desfile se entonan diferentes melodías. Entre los grupos destacan el de las “Chuntas”, que son hombres vestidos de mujer, que representan a las criadas de María Angulo, quienes llevan canastas con frutas y dulces adornadas con banderas de papel y anuncian el inicio de las festividades; las ”Chiapanecas”, mujeres del pueblo que bailan con la música de marimbas y finalmente los “Parachicos”.
El atuendo de los “Parachicos” consiste en máscaras de madera y llevan sarapes, chales bordados y sombreros de fibra con cintas de colores. Llevan también unas sonajas de hojalata llamadas “chinchines”. A su vez son dirigidos por un “patrón” quien lleva una máscara con expresión severa. Lleva también una guitarra y una flauta y va acompañado por uno o dos tamborileros. Éste se encarga de tocar la flauta y de entonar versos, que el resto de los bailarines responde. En esta danza participan tanto adultos como niños y así se sigue transmitiendo su tradición entre las distintas generaciones. Cabe mencionar que el llamado patrón es la máxima autoridad de los Parachicos, y es quien cuida y perpetúa estas tradiciones en un cargo que pasa de una generación a otra; y es interesante notar que en cerca de tres siglos de tradición solo 20 personas han ocupado este puesto.
La máscara de cada bailarín es el centro del atuendo y esta es creada especialmente para la fiesta. Su tallado en madera, pintura y diseño, son también transmitidos de generación en generación entre los artesanos que las fabrican.

Lugares de memoria y tradiciones vivas de los otomí-chichimecas de Tolimán

La comunidad otomí-chichimeca que habita la zona semidesértica del Estado de Querétaro, en la región central de México, conserva varias tradiciones, que son muestra de su particular relación con el medio ambiente y la naturaleza que le rodea. Estratégicamente situados en torno a un triángulo simbólico y natural conformado por las cumbres de la Peña de Bernal y de los cerros del Zamorano y el Frontón, los otomí-chichimecas se reúnen cada año para realizar una peregrinación hacia estas elevaciones que consideran sagradas. Llevan consigo cruces milagrosas para implorar la protección divina, pedir que vengan las lluvias, honrar a sus antepasados y conservar la identidad y tradiciones de su comunidad. Asimismo, durante el año se realizan muchas otras festividades en esta comunidad, cuyo tema central, por lo general es en torno al agua, misma que se venera especialmente debido a su escasez en la región. Los ritos también celebran la fuerza y permanencia de este pueblo.
Los ritos suelen celebrarse en capillas familiares destinadas al culto de los antepasados y también a través de la construcción de chimales (enormes estructuras realizadas con carrizo y hierbas) que son una especie de ofrenda temporal y que al mismo tiempo, simbolizan la resistencia e identidad de esta cultura. Otras importantes manifestaciones artísticas en esta región, como son sus imágenes religiosas, pintura mural, danza y música recrean constantemente la estrecha relación entre los espacios espirituales y físicos, tan importantes para esta comunidad.

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